Biografía

Ernesto Ventós (Barcelona, 1945-2020) sordo desde la infancia comenzó sus conocimientos de perfumista al lado de su padre y posteriormente en Grasse (Francia) y Suiza como ayudante del perfumista Arturo Jordi. Se integró de muy joven a la empresa de destilación de esencias que en 1916 había fundado su abuelo, y que actualmente ha evolucionado en dos industrias, Ventós, S.A. dedicada a la venta de materas primas y de LUCTA, S. A., dedicada a la fabricación de fragancias, aromas y aditivos para la nutrición animal de gran implantación en el mercado internacional.

Pero más allá de esta vertiente profesional, a raíz de la exposición “Suggestions olfactives” celebrada en 1978 en la Fundación Joan Miró de Barcelona donde participaron varios perfumistas, entre los cuales estaba Ernesto, surgió la idea que con el tiempo llegaría a ser colección olorVISUAL, en la que las obras que la conforman evocaban un recuerdo olfativo para el coleccionista Ernesto Ventós.

Era un coleccionista atípico, porque no se limitaba a comprar las obras de arte que le gustaban. Las piezas que incorporaba a su colección respondían a alguna cosa más, ya que lo que realmente atraía a Ventós, era encontrar aquellas obras de arte que, más allá del aspecto visual, estimulasen su memoria olfativa. Unas creaciones que reunió en una colección de nombre tan descriptivo como es colección olorVISUAL.

Su trabajo y en sus intereses más íntimos, fueron determinantes en su elección, porque este empresario y perfumista acreditado siempre tuvo una gran inclinación por el arte, que no sólo siguió de cerca, ya que él mismo se reservó un tiempo y un espacio para realizar sus propias obras que dio a conocer con el nombre de NASEVO (palabra surgida después de unir NAS, palabra de connotaciones olfativas, y EVO, el acrónimo de su mismo nombre). Así, el del olfato fue un sentido muy presente en la cotidianidad de Ventós y por tanto, resulta lógica que convirtiera su reivindicación en un objetivo personal.

Como él explicaba muchas veces, se dio cuenta que los artistas plásticos normalmente trabajan dando prominencia a los sentidos de la vista y el oído, en ocasiones también al tacto, pero no al olfato, iniciando – a finales de los 70 – su cruzada particular para homologar este sentido con los demás, al menos artísticamente hablando, aunque también incitando, mediante el arte, a aprender a oler, a educar nuestro sentido más olvidado, y que según Ventós es el “rey” de todos los sentidos. Y lo hizo implicando a los artistas que se convirtieron en sus cómplices de esta aventura que finalmente nació para valorizar el sentido del olfato.